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PREGÓN A LA ARTESANÍA 2010Por el Excmo. Sr. Rector Magnífico de la Universidad de Murcia, José Antonio Cobacho Gómez.Excelentísimas e ilustrísimas autoridades, Maestro Mayor del Gremio de Artesanías Varias, D. José María Gómez Toro, Junta Directiva, Artesanos del Gremio, Señoras y Señores. Debo comenzar mostrando el agradecimiento y la satisfacción que siento en este momento al poder dirigirme a todos Ustedes en el día de San José Obrero, carpintero de oficio, y, del algún modo, también artesano. Pero, con carácter previo, me gustaría dejar constancia de que el honor que se me depara, designándome “Artesano del año 2010” , lo recibo como Rector de una institución, como es la Universidad de Murcia, de la que forman parte miles de personas que, con su trabajo diario, intenta mejorar nuestra sociedad. A ellos, profesores, estudiantes y personal de administración y servicios corresponde el mérito de que yo les acompañe hoy, pudiendo agradecer al Maestro Mayor del Gremio y a su Junta Directiva la deferencia que tienen con la Universidad.
Permítanme una referencia al origen de los gremios. Gremio viene del latín, gremium , regazo, seno. Existen muchas hipótesis sobre el origen de los gremios. Se ha querido ver en ellos la continuación de los collegia que agrupaban a los artesanos romanos, pero esta explicación es inadmisible, ya que los collegia sólo sobrevivieron en las zonas de Italia que se hallaban bajo el dominio bizantino. El gremio medieval es el resultado de la conjunción de dos acciones: la de la libre asociación de los artesanos urbanos que a partir del siglo XI constituyeron cofradías (fraternitates) con fines religiosos y asistenciales y la de los poderes públicos en su intento de controlar la calidad y el precio de la producción artesanal. Los gremios eran corporaciones caracterizadas por unos privilegios para la defensa de sus asociados de la competencia de los forasteros y por unas obligaciones que les sometían al control de los poderes públicos (generalmente el municipio) para defender a los consumidores urbanos, garantizándoles la calidad de la producción artesanal. A tal fin se establecieron los reglamentos gremiales que, no sólo reservaban el mercado local para los asociados, sino que evitaban la competencia entre ellos (al reglamentar estrictamente la fabricación, los salarios y los precios). El aprendizaje solía durar entre tres y seis años, según los oficios, al cabo de los cuales se pasaba a ser oficial, lo que permitía entrar como asalariado en un taller o presentarse a los exámenes de maestría. Como es sabido, se entraba en un gremio como aprendiz, trabajando en casa de un maestro que ejercía una autoridad absoluta sobre los aprendices. En España los gremios aparecieron en la Corona de Aragón en la Baja Edad Media, mientras que en Castilla lo hicieron posteriormente, tras su aprobación por los Reyes Católicos, implantándose más tarde en América con gran fuerza. Me van a permitir que, como jurista, cite en este pregón a dos políticos ilustrados, como fueron el murciano José Moñino, Conde de Floridablanca y el asturiano, Pedro Rodríguez de Campomanes. Ambos estuvieron preocupados por el papel que debían de jugar los gremios en una sociedad moderna que, al igual que en la actualidad, tiene que luchar contra la crisis económica y la competencia con los productos que proceden del exterior. Decía Campomanes que “el Autor de la naturaleza dotó a los irracionales de un natural vestido y ornato. Dio a los animales quadrúpedos (sic), peces, y aves todos los socorros necesarios. Sólo al hombre, guiado de su raciocinio, como recuerda Plinio, crió desnudo, desabrigado, y llorando”. Por ello, desde nuestra más tierna infancia precisamos de una madre, de la familia, y de una serie de objetos que nos vistan, abriguen y protejan, o simplemente, hagan nuestra vida más cómoda, apacible y feliz. Esos objetos, que por el bienestar que deparan a los hombres llamaron los romanos “bienes”, fueron creados, desde el principio de los tiempos, por manos artesanas, por manos como las suyas. Decía Jovellanos que los artesanos venden las producciones de su industria y las manufacturas de sus artes y oficios. Artesano viene del italiano artigiano que es la persona que ejerce un arte u oficio manual. Me vienen a la mente las palabras del escultor D. Antonio Campillo Párraga quien, en su discurso de investidura como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Murcia en 2008, decía que, en el entorno del polvo de los caminos y agua de las acequias, se impregnaba a diario la ropa y manos de algo maravilloso: el barro . Un descubrimiento, según comentaba, que, aunque le costaba las reprimendas de su madre, le permitió, junto a la visión de los pasos de Salzillo, comenzar a hacer pequeños belenes y figurillas que regalaba a las niñas con las que jugaba. Los artesanos, hacedores de objetos útiles y bellos, son necesarios, del mismo modo que lo son los gremios artesanales como éste de Artesanías Varias para aunar tradición y presente; juventud y madurez; deseo de aprender y la satisfacción de enseñar habilidades aprendidas de nuestros mayores, mejoradas por la propia experiencia. Afirmaba Campomanes que la “asociación de los artesanos es conveniente, en cuanto contribuye á dedicarse á perfeccionar los oficios, y á socorrerse recíprocamente. De todo ello saca utilidad el común, y no recibe perjuicio alguno el estado”. Y no andaba desencaminado este autor al recoger los dos aspectos esenciales de una asociación de artesanos, como son el humano y el material. El primero de ellos es la esencia, la razón de ser de la asociación gremial, ese aspecto de hermandad que va más allá de lo puramente afectivo, pues toca a la protección de los hijos, viudas y familiares de los que comparten un oficio común. “En la vida y en la muerte”, como se dijo durante siglos. El artesano podía estar tranquilo que sus compañeros socorrerían a su familia en caso de desgracia. Pero, en un aspecto más agradable, en el gremio se formaba a los jóvenes, como aprendices y se les enseñaba un oficio para ganarse la vida, para ser útiles y provechosos a la sociedad. El crédito de un maestro nacía de la honradez, de su enseñanza y del acierto con que cada uno se empeñaba en sacar sus obras con el mayor gusto. Una actividad que, si me permiten el paralelismo, es la que desarrolla la Universidad desde sus orígenes. Si en el gremio el maestro enseñaba al oficial y éste al aprendiz, sin ocultar los secretos del taller y transmitiendo todos sus conocimientos, en la Universidad , el catedrático enseña al profesor novel y éste al alumno. La universidad es docencia e investigación, tesón y humildad, enseñar y seguir aprendiendo. De hecho, cuando en nuestra universidad algún estudiante va a recibir por sus méritos el grado de doctor, en el acto público de la investidura ha de jurar previamente que, por grande que fuere su sabiduría e ingenio, siempre guardará acatamiento y respeto a sus maestros. Como decía Leonardo, la práctica debe siempre ser edificada sobre una buena teoría, porque el que se enamora de la práctica sin ciencia, es como el marino que sube el navío sin timón ni brújula, sin saber con certeza hacia dónde va. El segundo aspecto de la vida artesanal, como es el material, siempre ha sido de vital importancia para la economía de la nación. Campomanes refería que la desgracia de la nación llegó “de haberse destruido los gremios de las artes, que son el nutrimento de la República.. ”. Hasta el punto de que Felipe V mandó expresamente a sus vasallos que consumiesen con preferencia géneros fabricados en el reino. Como se puede observar, las crisis económicas no son un fenómeno nuevo ni tampoco las causas que las originan. En la ciudad de Sevilla pasaron en el s. XVIII de tres mil telares a sesenta, como consecuencia de una desmesurada importación de productos extranjeros. Por ello, decía el Conde de Floridablanca, en sus Discursos Políticos , que a los agremiados habría que apoyarles rebajándoles, y aún liberándolos, de los impuestos para favorecer su actividad. Pero este día debe ser de regocijo y alegría, olvidando los fantasmas que intentan apartar a la artesanía del nuevo papel que desempeña en la actualidad. Las nuevas tecnologías, mecanización y globalización han deparado a la artesanía también un nuevo papel. Ese papel es, si me lo permiten, el de la autenticidad, la pureza, el trabajo personalizado y los productos únicos. Hoy en día se vuelve la mirada hacía la naturaleza, los valores y elaboraciones tradicionales, bordados, orfebrería, modelado del barro o trabajo de productos naturales como la miel, pero sin elementos extraños que nos hagan olvidar su origen, material utilizado o las manos que lo hicieron. Transcurridos años de frívolo modernismo, de culto a la producción en serie, modelos prêt-a porter, producidos en serie, sin personalidad y mucho plástico, creo que hemos llegado a una nueva época. El artesano es un artista. No trabaja de forma mecánica, ni es mero ejecutor en serie. Ha de poner su experiencia, su ingenio, su idea en cada obra que realiza. Por ello nunca hay dos obras iguales. Los ojos de una figura de un belén no son iguales a los de otra. Ambas obras reflejarán la profundidad y el sentimiento que les haya transmitido su artífice, pero serán distintas, del mismo modo que lo es la intención o estado de ánimo de su autor. Estoy convencido de que en la actualidad se puede aplicar a la artesanía lo que Velázquez y otros grandes artistas llamaban “la ingenuidad de la artes”. El ingenio, la idea que precede a la obra, junto al trabajo de las manos expertas es lo que hace grande y auténtica la actividad artesanal, al igual que las creaciones que salen de esas manos. La sociedad lo entiende así, como lo evidencia la creciente valoración económica de las obras artesanales, reflejando que lejos de errar, marchamos por buen camino.
En los gremios se encuentra un tesoro. Cambiarán las modas, técnicas y procesos productivos pero, al final, lo que realmente perdura, lo que realmente se valora son las personas, la nobleza en el pensar y en el hacer. La generosidad de espíritu y el orgullo por el trabajo bien hecho; el saber quienes somos y de dónde venimos. Ustedes honran a nuestros mayores, entregando el testigo del pasado a los jóvenes forjadores del futuro. En nombre de la Universidad de Murcia y, en el mío propio, muchas gracias, por el galardón concedido, y por haberme permitido esta mañana, festividad de S. José, “artesano”, estar con ustedes que son, sin duda, nuestro tesoro. Muchas gracias.
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